sábado, agosto 12, 2017

Mala hierba.


Recogió con su agilidad característica su móvil y su maletín lo alojó en su regazo derecho en dos movimientos, dando a su vez los últimos sorbos del té medio frío que aun le quedaba en la taza.
En el momento que agarró el pomo de la puerta de entrada recordó que había olvidado las llaves. Dio media vuelta sobre su talón  izquierdo en un gesto rápido y saltó de un brinco hasta el sofá del comedor situado a escasos metros.

"-Aquí estás, de mi no os escapais! -gritó con energía arrolladora."

Ya en el tren sacó de su  cartera la foto de su padre. Con una sensación de tranquilidad y paz la observó unos minutos y volvió a guardarla. Inspiró profunda y suavemente medio sonriendo y miró por la ventana, las montañas a lo lejos y los edificios imponentes de la ciudad, contrastando con humildes casas de familias que habían  aguantado firmemente la evolución industrial de la ciudad y se mantenían alli durante décadas. El gesto de su cara se cambió completamente, dando lugar a una sensación de incertidumbre, cuando le vino a la cabeza aquella chica tan mona. Debía tomar una decisión lo antes posible dado que la agencia le había dado un últimatum. Tendría que tomar una decisión antes de fin de mes. Pero para ella, era una decisión importante en su vida y no podia tómarsela tan rapidamente.

Cinco minutos después, el tren se paró. Había llegado a su destino como de costumbre y casi se le pasa con tantas cosas en la cabeza.
Esquivando a la gente y disculpándose con una mueca de perdón, consiguió salir de aquella lata de sardinas airosa y puso dirección a las oficinas de la Interpol en China.
Saludó al tendero del mercado, Yuan, del barrio, al que siempre solía comprarle y llegó por fin, puntual como siempre. Allí sonrío a su colega Wang, en la puerta de seguridad, sacó su carnet y lo pasó por el artefacto de reconocimiento, para poder acceder a las instalaciones.

Cogió el ascensor, que estaba completamente vacío por suerte dado que siempre estaba hasta los topes y llegó a su departamento.
En su escritorio había una carpeta amarilla cuyo nombre en clave era S.I.N. Al parecer se trataba de nuevos casos de desapariciones y datos sobre una organización llamada S.I.N además de una extraña secta. Y de nuevo, noticias sobre aquella chica cuyo nombre al parecer era Juri, pero no había demasiada información sobre ella, era como un fantasma, como si realmente no existiera.
Pero lo que más le preocupaba era su relación con la antigua Shadaloo. Sería posible que tuviera algo que ver con las nuevas desapariciones en la zona?

Su rostro se torno de inquieto cuando de pronto hizo aparición su superior informándole sobre todo aquello.

"-Chun li, has podido mirarte algo sobre lo que te he dejado encima de la mesa? -comentó pausadamente-.Tenemos más casos de desapariciones, y otra organización está cogiendo fuerza estos días..."

"-Sí, parece que tenemos otra Shadaloo entre nosotros... -contestó en un gesto de irritación y golpeando su puño sobre la carpeta."

De pronto, su compañera medio tropezándose con una papelera, consiguió llegar hasta ella para darle una caja.

"Esta mañana ha llegado esta caja roja para ti... -comentó de forma socarrona -.No será de algún admirador secreto..?"

Recogió el paquete dejando ver sus mejillas enrojecidas y su morro airado, y sacando a su compañera la lengua de forma burlona.


Abrió la caja y se encontró con una rosa roja y una pequeña carta al lado. Cuando la abrió se percato que había restos de sangre en ella. Y en ella una nota que decía:
"Quiero ver esa hermosa carita de ángel de nuevo. Cómo yo, desde luego tu padre estaría encantado de volver a verte..."

"- ¡Vega! -chilló a pleno pulmón."

El resto del departamento enmudeció de golpe.


sábado, agosto 05, 2017

Odio e impotencia contenidos.


Todo apuntaba hacía otro viaje sin destino, de los que estaba tan acostumbrado, y el descapotable que poseía le brindaba un aire suave pero fresco en el rostro además de un sentimiento de libertad y privacidad únicos, que contrariedad.
El sol tampoco era intenso pero le venían bien las gafas oscuras y redondeadas último modelo que había comprado hace unos dias. Lo cierto es que éstas le hacían sentirse como un verdadero marine de las fuerzas armadas, pero desesperanzado. Hacer kilómetros era la unica forma de olvidar preocupaciones y de seguir avanzando sin darle demasiadas vueltas a la cabeza, dado que últimamente no podía parar de pensar e incluso casi no dormía.

Miró por su espejo retrovisor interior con el fin de apreciar algún defecto en su peinado erizado y rubio, casi inamovible, pero él sabía que su cabellera seguiría intacta- incluso después de haber dormido tantas horas y estando aun de resaca y con dolor de cabeza- ya que intentaba siempre mantener firme ese jodido tupé que antaño no podía domesticar de ninguna de las maneras.
Pero con la ayuda de los sprays que le proporcionaron cuando entró como recluta, un compañero, aquello era histora y la verdad es que siempre le había ido muy bien, también su peluquero hacía bien su trabajo. Tambien para él era muy importante cuidar al detalle su corpulenta y esbelta figura.
Hacía cada día su sesión de pesas y cardio, además de practicar la lucha cuerpo a cuerpo, vamos que estaba en plena forma a pesar de tener ya sus casi 40
También, solía estar atento a cualquier mínima particularidad tanto en él como en los demás. De hecho, estaba alerta incluso fuera del servicio. Cualquier movimiento inapropiado o extraño en una persona, él se percataba, y ponía atención a estos detalles que cualquiera no daba demasiada importancia. El movimiento de la ceja de su mujer, el tic nervioso en los pies de Chun Li cuando estaba preocupada o enfadada con algo, el contracturado gesto en los ojos de aquel luchador que conoció no hace mucho, cuyo nombre era Ryu, cualquier cosa... Incluso la mirada nerviosa de su amigo Charlie, con esa media sonrisa, la última vez que lo vío en Tailandia.
Había pasado un tiempo de aquel acontecimiento, y todavía no tenía notícias de su colega de armas.
Dónde demonios estaría? No era normal en su compañero desparecer como la nada, de un día para otro en aquellas montañas de ese recondito país  -se preguntaba para sus adentros, nervioso y con ansiedad.
Habían recorrido las proximidades de la zona, después de aquella explosión, día tras día, pero no lograron encontrarlo. Ni una pista, únicamente pudo recuperar la cadena con su identidad, tirada en una zona de la cueva, cercana a un precipicio. Aunque incluso en aquel despeñadero no había nadie, ni víctimas, sólo piedras y restos de hierba seca, nada más.

Quizá ese malnacido de Bison lo hubiera hecho prisionero? - volvió a preguntarse a si mismo, en un tono nervioso y malhumorado, casi sollozando de impotencia.
Lo único que podía hacer era seguir investigando aquella desaparición con ayuda de la Interpol, codo con codo, con su amiga Chun Li, ella era la persona más indicada para proporcionarle apoyo tanto moral como técnico en la región Oriental.

Se adentraba por los parajes de aquella carretera tan conocida, con el único fin de hacer kilómetros, y desaparecer en aquel lugar casi desierto e inhóspito, de percibir tan solo el ruido del motor de aquella bestia, que rugía igual que un león.

viernes, julio 28, 2017

El nacimiento de un nuevo campeón estatal.

Estaba hastiado de escuchar su nombre día tras día. Incluso dentro de las palomitas que se estaba zampando con gran voracidad a puñados junto a su hermosa chica, quien tampoco se quedaba atrás, mientras veían una película en los cines de su barrio.
Tenían los dos la boca y parte del pecho completamente manchados de restos de azúcares, pegados por el efecto del caramelo, de todos los colores habidos y por haber.
Siempre salían del cine impregnados de ese dulce de color por casi toda su ropa, parecían haber salido de una guerra de pintura de paintball.

Comenzó a distraerse, una vez más, sobre ese luchador que tantos dolores de cabeza le daba continuamente, la vena de la cabeza se le comenzaba a hinchar y su color de piel estaba cogiendo un color rojo intenso. Y es que todo lo relacionado con Ken le irritaba sobremanera, hasta el punto de casi perder el control.  Su odio hacia él era rozaba casi lo indecente.
Su mal humor y su ira contenida le hacían atiborrarse hasta arriba de comida y por eso tenía ese pequeño sobrepeso. Estaba convencido de que Masters era el motivo de todos sus problemas. Le veía continuamente en las revistas de negocios más influyentes y en la prensa rosa asi como en escenas o apariciones puntuales en películas de acción y lucha más de actualidad. Pero lo que peor llevaba era verle como un campeón de lucha indiscutible.
Dejar el título más reconocido a nivel mundial en manos de un norteamericano como ése era como tirarlo a la basura. Cómo desprestigiar a su pais, y eso no podía permitirlo! Era como tener al novio de Barbie luchando y representando a norteamerica, por eso debía acabar con ese circo mediático de una vez por todas.
Se preguntaba una y otra vez ¿Qué demonios tenía ese energúmeno para captar tanta atención por parte de los medios de comunicación? Estaba convencido de que era mucho mejor que ese papanatas lo que sucedía era que no se le había dado la oportunidad de demostrar su talento y portento fisico como luchador de kung fu, pero tarde o temprano mordería el polvo, y se vería quien estaría destinado a poseer el título de campeón estatal. Éste caería en sus manos y haría que Ken lo besara una y otra vez.
Él creía poseer un nivel casi sobrehumano y una destreza en el manejo de la técnica de lucha, y un autocontrol además de un esfínter de acero y unos brazos y piernas ágiles como los de un guepardo.
Nadie podria igualarle, ni ese plagio de Bruce Lee, llamado Fei Long, que solo sabía dar gritos y que también había participado en el campeonato años atrás.
Estaba más que convencido de que una persona con su talante y su gran expresividad y belleza íntegra, podría ser el nuevo campeón mundial, aunque solo fuera por su escultural cuerpo, y no aquel karateka rico y pijeras que no sabía lo que era un verdadero "K.O". Pero él se encargaría de poner a todos en su lugar!

De pronto un golpe en la cabeza le despertó de aquella nube de pensamientos y sueños que se congregaban en su cabeza. Su novia Candy, le miraba con incredulidad y a la vez medio enfadada.
 - Qué demonios te pasa? Habíamos quedado para ver la pelicula, me giro y te veo soñando en los laureles, pensaba que querías ver la pelicula conmigo! - contestó impacientemente.
Posteriormente miró la pantalla y se olvidó rápido de lo acontecido, soltando un pequeño grito de miedo y dando un leve salto en la butaca.

- No es nada mujer! Er...Sólo estoy pensando en mi próximo destino con la moto, tu y yo, para conocer mundo, hohoho! - comentó de forma suave, esbozando una mueca y ladeando la cabeza a un lado como señal de disculpa.

Fruto del colapso de aquella espontánea situación y medio atontado, comenzó a engullir de nuevo la gran caja de palomitas dulces que se posaba encima de su barriga cervecera con gran ansiedad, y bebiendo su doble malta típica que había colado de su casa para ahorrarse en las mismas instalaciones, cuando le salío un inoportuno y sonoro erupto, rompiendo el silencio que allí se palpaba por la tensión del film. Alguién espetó un grito de molestía, pero ni siquiera le prestó atención. Al lado suyo, un niño le miraba con ojos grandes y asustados. Escondió su caja de palomitas y le sacó la lengua de forma burlona. El niño comenzó a llorar dando lugar a un espectaculo dentro de la sala.

Con todo aquel barullo ya ni recordaba qué film estaban viendo, cuando se dio cuenta de que la película habia terminado completamente y aquello parecía un zoologico en vez de un cine. Niños gritando y llorando, su novia maldiciendo por otro lado, otros chavales tirandose de los pelos y molestando, pero no parecía prestar mucha atención dado que ya estaban acosumbrados a aquel gallinero.
Intentó levantarse de la butaca con gran esfuerzo, desencajando los clavos de ésta y casi sostenida en su enorme trasero, empujó fuerte con sus enormes brazos hasta lograr quitarsela de encima.
Su novia, avergonzada y con una mano detras de la cabeza, estaba pidiendo disculpas al acomodador,  por todo lo que una vez más estaba ocurriendo.
Posteriormente, después de arreglarlo con una propina para solventar lo sucedido, se marcharon ambos, hablando entre ellos, bajo la mirada de entera incredulidad del resto de espectadores. El niño de antes llorando sin parar, gritaba maldiciendo que quería plomitas.

- Quién es ese Peeta Mellarck entonces Candy? -  Preguntó medio desconcertado. Se parecía un poco a Masters, pensó. Candy le miraba de forma furiosa y le espetó un puñetazo en su hombro derecho. Sus puños eran de acero, debían de estar hechos de adamiantum por lo menos. Mañana seguramente tendría un enorme moratón.


viernes, julio 21, 2017

Viaje hacía tierras desconocidas.




Lo cierto es que Japón era una tierra desconocida para él. Aunque siempre le había gustado desarrollar las artes marciales, nunca había puesto verdadero interés, es más, casi había ido obligado por su padre pero en el fondo tenía ganas de pasar un verano en otro lugar, fuera de  su país natal y conocer al maestro y amigo de su padre, le parecía una buena manera de salir y contemplar otras tierras, otras formas de vivir y de ser, quizá cambiara su forma de pensar o quien sabe, podría llegar a ser un gran luchador en un futuro y competir en algun torneo oficial de artes marciales que era algo que deseaba desde que era un niño.
Su padre le había hablado alguna vez sobre el señor Gouken. Se trataba de un hombre a quien conoció años atrás por tierras niponas, en un viaje de negocios, donde coincidieron ambos. Decía que era una gran persona y que seguro que un tiempo allí le vendría bien para enderezarle y crecer como persona además de conocer lo que era un poco la humildad de la gente de alli, más de cerca, pero a él no le gustaba la idea de que alguien le controlara, odiaba eso, aunque si se negaba, su padre le impondría un castigo ejemplar para no salir sin su consentimiento durante un tiempo y volvería a hacer prácticas como becario en su empresa y no había cosa que más odiara que trabajar allí, era como estar encarcelado, entre cuatro paredes, como "vivir" una vida de un zombie, gruñendo y andando sin alma, sin apenas sentir un poco los rayos del sol, en definitiva, ser un hombre gris, sin más aspiración que la de fichar, echar cafés,  y fichar.

Abrío motivado la enorme maleta rápidamente y comenzó a guardar los enseres necesarios para estar allí una buena temporada. En principio iba a estar allí unos 3 meses como una forma de vacaciones, de distracción para conocer aquel lejano país tan curioso.
Le habían comentado que aquel lugar era un Dojo perteneciente a una antigua familia dedicada en cuerpo y alma al arte del Ansatsuken o una fusión de varias disciplinas de lucha.
Alejado de todo rastro de civilización, de las conocidas ciudades, debería apañárselas para llevar todo aquel equipaje hasta allí sin morir en el intento o eso creía.
Si es cierto que estaba bastante en forma pero no quería correr el riesgo, asi que intentó llevar un equipaje ligero. Nada de utensilios inútiles. Iba a entrenar, además le comentaron que allí habían kimonos de lucha para él y un compañero que también estaba entrenando allí desde hace un tiempo.
Al parecer, dicho Dojo entrenaba a luchadores desde hacía tiempo y si algo caracterizaba a aquel lugar era esa disciplina basada en la técnica de Ansatsuken. De allí  siempre sobresalían luchadores verdaderamente fuera de serie. De hecho, el mismo Gouken había sido estrictamente entrenado allí mismo años atrás por su maestro cuyo nombre era Goutetsu.
-Mierda! Dónde demonios habré metido el suavizante para el pelo! Pensó para sus adentros.
En poco tiempo ya tenía su maleta lista para despegar en su jet privado, así que subió la escalinata que daba al pequeño helipuerto de la casa Masters, donde le esperaba su padre acompañado de un nutrido grupo de personal de servicio, y con una sonrisa en la cara, quien movía agitadamente el brazo. Parecía como si realmente estuviera contento de que se marchara una temporada para perderlo de vista.
Con un gesto de malhumor abrazó a su padre y se marchó rápidamente al helicóptero.
-No te olvides traer a tu padre algún obsequio de Japon! Y saluda a Gouken de mi parte! Le grito el padre con gran entusiasmo.

sábado, julio 15, 2017

Actitud y Acción.



El rio que se posaba ante sus ojos fluía muy lentamente formando pequeños charcos aquí y allá, diminutos riachuelos que seguían a duras penas por un canal de barro agrietado por el sol.

Hace unos años había un caudal más abundante y rico. Aunque nunca fue suficiente para mantener a la población dado que aquella región necesitaba agua y comida y cada vez había menos víveres de un tiempo hasta ahora. Almenos antes podían subsistir pero ahora era una odisea hacerlo. Cada dia morían personas por enfermedades o hambre, era horroroso.

Cerró sus párpados lentamente y sentose con las piernas cruzadas en posición de loto, delante de aquellos surcos de agua amarronada, donde estuvo unas cuatro horas, intentando ralentizar sus pensamientos preocupantes que iban y venían y que no cesaban últimamente, de hecho, habían aumentado considerablemente.
A veces tenía pesadillas que le despertaban a media noche y solían ser siempre del mismo tipo. Se trataba de una figura oscura de ojos rojos medio achinados y brillantes y una sonrisa jocosa y amplia.

Lo más preocupante era ese chi malefico que desprendía ese ser, que se cernía sobre el poblado, llenándolo todo de dolor, destrucción y angustia.

Era como una corazonada dentro de sí, quizá lo que últimamente veía ante sí, a su alrededor, tenía algo que ver con aquellos horribles sueños.

Aquella organización estaba haciendo estragos poco a poco, iba tejiendo sus redes de forma lenta pero progresiva por diversas regiones del sudeste asiático.

Pasaron las horas y él aun se hallaba allí, atento a sus emociones, sin juzgar lo que pasaba dentro de si, solo dejando pasar el tiempo como hacia a diario, visualizando, hasta acabar con esa oleada de imágenes preocupantes que su mente no dejaban de proyectar una detrás de otra.
Ultimamente parecía costarle mas de lo normal llegar a calmarse, quizá era el momento de sacar alguna conclusión y actuar.

No podía quedarse asi, de brazos cruzados, dejando pasar el tiempo, sino hacer lo que estuviese en su mano para ayudar a su poblado y a su esposa Sally e hijo Datta.

Había demasiada pobreza y gente enferma y él si es cierto que ayudaba a amainar ciertos dolores espirituales y mentales y algun que otro dolor físico a las personas, pero sabía que no tenía las herramientas necesarias para curar ciertas enfermedades. Necesitaban la ayuda de médicos especializados, porque las ONG estaban casi colapsadas y hasta los topes.

Tenía que tomar una decisión pronto y no dejar pasar el tiempo más, era el momento quizá de visitar tierras lejanas para solucionar en lo posible aquella situación.
Había oido hablar de un torneo donde se congregaban los mejores luchadores en sus disciplinas y a él aunque su propia ética le decia que no en esta ocasión era necesaria una actuación urgente si no queria seguir viendo a su gente en aquella situación.

viernes, julio 07, 2017

La herida del mal.


La tormenta no amainaba en aquella noche umbría, un árbol ardía tímidamente a causa del impacto de un relámpago a escasos metros de donde se encontraba, formándose a la vez una pequeña humareda en la copa, señal de que el fuego estaba casi en las últimas porque aquella lluvía era insistente.
Las nubes azul marino teñían el cielo por completo y el ruido ensordecedor de aquellos truenos era incesante, y a todo eso se le unía un tremendo viento huracanado que entibiaba aún más la poca visibilidad, percibiéndose solo la negrura de las figuras a pocos metros de él, ni siquiera podía casi advertir el blanco pálido del traje de su oponente.
Percibió una gran ira contenida dentro de sí, algo indescriptible, quizá un odio contenido, o un miedo había surgido al encontrarse con su propia oscuridad, su sombra en forma de luchador, largo tiempo escondida en lo profundo de su ser… Lo que era claro que es que no era capaz de aceptar aquello, esa idea le horrorizaba, no estaba preparado para soportar aquella derrota.
Observó momentáneamente su mano derecha temblorosa que se acercó con gran dificultad y lentamente, posándose en su pecho dolorido, justo donde chorreaban grandes cantidades de sangre a lo largo de todo su corpulento torso, allí donde se hallaba aquella herida abierta, brotaba en un color rojizo oscuro, desde su pectoral derecho hasta casi llegar a la cadera, en diagonal.
Estaba medio arrodillado en aquel oscuro territorio, rodeado de grandes hierbas que cubrían casi su piernas por completo y su dificultad respiratoria por el cansancio de la lucha era evidente, las gotas de sudor recorrían las formas de su frente sin cesar, nublándole éstas, la vista del único ojo que le permitía ver con gran dificultad, incluso todo daba vueltas a su alrededor y pareciese que el tiempo hubiera dejado de avanzar. Y es que llevaba aproximadamente una hora luchando a gran intensidad y su corazón era como una canción de tambores dentro de su cabeza, palpitando y retumbando incesantemente. En tantos años que había luchado, nunca había llegado hasta ese límite, era una sensación nueva para él.
Los dientes rechinaban y dejaban entrever una desesperación casi absoluta, su ira no hacía más que ir en aumento y no podía permitirse una derrota con ese extraño oponente surgido de la nada, que de forma insólita había conseguido tumbarle y en esas circunstancias, a él, un campeón mundial de Muay Thai, con gran experiencia y técnica de lucha. Realmente no pensaba que hubiera alguien que pudiera hacerle sombra. Su ego estaba totalmente al descubierto, tocado, expuesto por primera vez, como si hubiera tocado con un muro.
La totalidad de sus músculos quemaban y la lluvia se evaporaba en el contacto con todo su cuerpo, completamente engarrotado y sin casi fuerzas para siquiera levantarse. Su mano derecha se apoyaba sobre su rodilla derecha con el fin de aguantar a duras penas, y no caer desfallecido.
De pronto, y  en un esfuerzo sobrehumano y completamente fuera de si, logró erguirse del suelo, su mirada era un odio jamás visto en él, su boca medio abierta ahora por la incredulidad de aquella situación.
Comenzó a caminar con la intención de un contraataque a la desesperada, y en un ataque de locura descontrolada, con un grito casi gutural y temible corrió primero lentamente, aplastando el fango y dejando las enormes huellas de sus  pies tras de si, tropezando con alguna piedra por el camino, sin caerse, medio tambaleándose como si comenzara a caminar de nuevo, hacía un lado y hacia el otro. Seguido de un apresurado y forzado spring hacía aquel luchador de traje blanco y cinta roja que tenía delante, cual espectro, como si la muerte estuviera esperándole, llamándole a la puerta con una sonrisa de placer.

Mala hierba.

Recogió con su agilidad característica su móvil y su maletín lo alojó en su regazo derecho en dos movimientos, dando a su vez los últi...